En cuestión migratoria, Iberoamérica marca el camino Gonzalo Fanjul

La noche del pasado 12 de diciembre las autoridades venezolanas recuperaron del mar los cadáveres de once migrantes ahogados frente a las costas de Güiria, en el extremo nororiental del país. Otros nueve miembros del pasaje, que incluía varios niños, fueron dados por desaparecidos. El Golfo de Paria se ha convertido en los últimos años en una de las rutas de escape de los balseros venezolanos, que tratan de acceder por esta vía al cercano Estado insular de Trinidad y Tobago. Como explican los medios locales Cinco8 y Caracas Chronicles, la nueva tragedia alimenta el moridero en el que se ha convertido esta ruta de emigración irregular. Los detalles nos resultan familiares: embarcaciones precarias, hacinamiento, ausencia de medidas de seguridad, negocios fabulosos para las mafias y hostigamiento de las autoridades a ambos extremos del trayecto.

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