La Xunta cierra perimetralmente todos los ayuntamientos de Galicia ante el avance descontrolado de los contagios Gonzalo Cortizo

La Xunta cierra perimetralmente todos los ayuntamientos de Galicia ante el avance descontrolado de los contagios

La Xunta de Galicia ha decidido reaccionar con contundencia y cerrar perimetralmente sus más de 300 ayuntamientos situando a toda la población en los niveles máximos de alerta ante el avance descontrolado de la pandemia tras el relax de las fiestas navideñas. Así lo ha decidido el comité técnico que asesora al Gobierno de Alberto Núñez Feijóo durante una reunión que se ha prolongado hasta bien entrada la noche de este martes.

La decisión adoptada implica que todas las localidades de más de 10.000 habitantes pasan de golpe al nivel extremo de restricciones y las de menos al nivel medio alto, con independencia de cual fuera su calificación previa. Cualquiera de los dos niveles más altos suponen para el criterio de la Xunta el cierre perimetral de una localidad, con algunas excepciones en ayuntamientos en los que se permite el tránsito en la almendra de su área metropolitana. Está por aclarar si esas excepciones se mantienen o si, por el contrario, la decisión de Feijóo es encerrar a todos los gallegos en su municipio para evitar nuevos contagios. La decisión afecta de manera directa a la hostelería de toda la comunidad que tendrá que cerrar sus puertas a las seis de la tarde y ve su actividad prácticamente limitada a los servicios en terrazas para mesas en las que no podrá haber más de cuatro personas al mismo tiempo.

La decisión se produce tras la escalada de nuevos infectados como consecuencia del relax navideño y supone que ninguna localidad gallega estará en las fases clasificadas por la propia Xunta como «riesgo medio bajo» o «riesgo bajo». Los detalles sobre la alerta máxima impuesta por el ejecutivo gallego serán explicados en una rueda de prensa convocada para la mañana de este miércoles y en la que el propio Feijóo concretará los efectos del cierre generalizado para la hostelería y el comercio, así como las excepciones que permiten a cualquier ciudadano seguir circulando libremente por todo el territorio de la comunidad cuando se trate de atender cuestiones laborales, médicas o de cuidados.

Los datos de la última semana han situado a Galicia en niveles de contagios por encima de los 600 diarios, marcando el pasado sábado su máximo histórico con 914 infectados en un solo día. La primera reacción del Gobierno de Feijóo fue culpar a los ciudadanos y hablar de los incumplimientos en fiestas y botellones navideños como responsables de los nuevos brotes. El pasado domingo, durante una entrevista en la Cadena Ser, Feijóo reconoció que la relajación de Navidad fue un error. Parecía que entonaba el mea culpa. Al día siguiente, el barón gallego del PP volvió a comparecer y lo hizo para aclarar que el error no era suyo, decir que Madrid le había obligado a permitir cenas navideñas de diez miembros y ocultar que en su mano estaba ser más estricto y evitar decisiones como la que le llevó a levantar para las fiestas los cierres perimetrales que, hasta hoy, solo estaban vigentes en 60 ayuntamientos.

La decisión adoptada esta noche supone un golpe a bares y restaurantes cuyos responsables tendrán que decidir si echan la persiana o intentan mantener el negocio trabajando principalmente en las terrazas y con un horario que finaliza a primera hora de la tarde. También sobre la mesa está en discusión la posibilidad de limitar la actividad comercial. Durante una entrevista con elDiario.es, el conselleiro de Sanidade, Julio García Comesaña, aseguraba que no recomendaba ir a las rebajas y que pretendía estudiar la reducción de los aforos en los grandes centros comerciales. Durante esa conversación, Comesaña afirmó: «Asumimos nuestra responsabilidad e no haber sido más estrictos en las medidas de Navidad». Solo dos días después de la publicación de aquellas palabras, la Xunta se pone el traje de la restricción y eleva urbi et orbi las restricciones y la alarma, convirtiendo en papel mojado su propia catalogación de riesgo, de la que desaparecen los dos niveles de menor preocupación.

La decisión se adopta en un clima de conflictividad con el sector hostelero, harto de decisiones políticas cambiantes e impredecibles y que muchas veces les han obligado visitar precipitadamente a sus asesores para preparar despidos, ertes o nuevos contratos, en función de la decisión de turno que cada semana iba adoptando el equipo de Feijóo. Este lunes el enfado se hizo visible frente a las puertas de la residencia oficial del presidente de la Xunta con una cacerolada que, por el momento, ha obtenido un resultado: el presidente gallego ha encargado a tres de sus conselleiros que se reúnan con el sector para calmar los ánimos.

La Xunta de Galicia ha decidido reaccionar con contundencia y cerrar perimetralmente sus más de 300 ayuntamientos situando a toda la población en los niveles máximos de alerta ante el avance descontrolado de la pandemia tras el relax de las fiestas navideñas. Así lo ha decidido el comité técnico que asesora al Gobierno de Alberto Núñez Feijóo durante una reunión que se ha prolongado hasta bien entrada la noche de este martes. La decisión adoptada implica que todas las localidades de más de 10.000 habitantes pasan de golpe al nivel extremo de restricciones y las de menos al nivel medio alto, con independencia de cual fuera su calificación previa. Cualquiera de los dos niveles más altos suponen para el criterio de la Xunta el cierre perimetral de una localidad, con algunas excepciones en ayuntamientos en los que se permite el tránsito en la almendra de su área metropolitana. Está por aclarar si esas excepciones se mantienen o si, por el contrario, la decisión de Feijóo es encerrar a todos los gallegos en su municipio para evitar nuevos contagios. La decisión afecta de manera directa a la hostelería de toda la comunidad que tendrá que cerrar sus puertas a las seis de la tarde y ve su actividad prácticamente limitada a los servicios en terrazas para mesas en las que no podrá haber más de cuatro personas al mismo tiempo. La decisión se produce tras la escalada de nuevos infectados como consecuencia del relax navideño y supone que ninguna localidad gallega estará en las fases clasificadas por la propia Xunta como «riesgo medio bajo» o «riesgo bajo». Los detalles sobre la alerta máxima impuesta por el ejecutivo gallego serán explicados en una rueda de prensa convocada para la mañana de este miércoles y en la que el propio Feijóo concretará los efectos del cierre generalizado para la hostelería y el comercio, así como las excepciones que permiten a cualquier ciudadano seguir circulando libremente por todo el territorio de la comunidad cuando se trate de atender cuestiones laborales, médicas o de cuidados. Los datos de la última semana han situado a Galicia en niveles de contagios por encima de los 600 diarios, marcando el pasado sábado su máximo histórico con 914 infectados en un solo día. La primera reacción del Gobierno de Feijóo fue culpar a los ciudadanos y hablar de los incumplimientos en fiestas y botellones navideños como responsables de los nuevos brotes. El pasado domingo, durante una entrevista en la Cadena Ser, Feijóo reconoció que la relajación de Navidad fue un error. Parecía que entonaba el mea culpa. Al día siguiente, el barón gallego del PP volvió a comparecer y lo hizo para aclarar que el error no era suyo, decir que Madrid le había obligado a permitir cenas navideñas de diez miembros y ocultar que en su mano estaba ser más estricto y evitar decisiones como la que le llevó a levantar para las fiestas los cierres perimetrales que, hasta hoy, solo estaban vigentes en 60 ayuntamientos.La decisión adoptada esta noche supone un golpe a bares y restaurantes cuyos responsables tendrán que decidir si echan la persiana o intentan mantener el negocio trabajando principalmente en las terrazas y con un horario que finaliza a primera hora de la tarde. También sobre la mesa está en discusión la posibilidad de limitar la actividad comercial. Durante una entrevista con elDiario.es, el conselleiro de Sanidade, Julio García Comesaña, aseguraba que no recomendaba ir a las rebajas y que pretendía estudiar la reducción de los aforos en los grandes centros comerciales. Durante esa conversación, Comesaña afirmó: «Asumimos nuestra responsabilidad e no haber sido más estrictos en las medidas de Navidad». Solo dos días después de la publicación de aquellas palabras, la Xunta se pone el traje de la restricción y eleva urbi et orbi las restricciones y la alarma, convirtiendo en papel mojado su propia catalogación de riesgo, de la que desaparecen los dos niveles de menor preocupación. La decisión se adopta en un clima de conflictividad con el sector hostelero, harto de decisiones políticas cambiantes e impredecibles y que muchas veces les han obligado visitar precipitadamente a sus asesores para preparar despidos, ertes o nuevos contratos, en función de la decisión de turno que cada semana iba adoptando el equipo de Feijóo. Este lunes el enfado se hizo visible frente a las puertas de la residencia oficial del presidente de la Xunta con una cacerolada que, por el momento, ha obtenido un resultado: el presidente gallego ha encargado a tres de sus conselleiros que se reúnan con el sector para calmar los ánimos.Read MoreElDiario.es – ElDiario.es

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